Entrevista a Kirmen Uribe: “Todavía no creemos realmente que la cultura sea algo necesario”

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      Tras ganar el Premio Nacional de la Crítica en euskera y el Premio Nacional de Literatura (Narrativa) con su primera novela (Bilbao-New York-Bilbao) y después de haberse embarcado en proyectos culturales de todo tipo (poesía, literatura infantil y juvenil, proyectos multimedia…), Kirmen Uribe publicó su segunda novela, Lo que mueve el mundo, en 2013. Se trata de una novela corta en la que ahonda en la figura del héroe anónimo gracias al escritor y traductor Robert Mussche y en la que se cuelan temas tan vitales para el ser humano como la guerra, la ideología, la amistad, el valor de la cultura o el apoyo emocional de la familia.

  • ¿De dónde surge la idea de escribir Lo que mueve el mundo?
  • Después de Bilbao-New York-Bilbao, quería hacer una novela muy diferente a la primera. En ella hay un relato de los pensamientos y recuerdos que  tengo durante las ocho horas de viaje que hay entre Bilbao y Nueva York. El pasajero que va en ese avión va saltando de un recuerdo a otro. Pero una novela no se basa en recuerdos, es una narración. Lo que mueve el mundo es una narración que le hago yo a un amigo que había fallecido recientemente. Él, en vida, me pide que cuente la historia de un héroe y yo se la cuento, le cuento la historia de Robert Mussche, escritor y traductor. La manera de narrar es diferente. En este caso, el lector no sabe quién le está narrando hasta el final.
  • Usted plantea de manera sucinta el choque cultural, social, religioso y de costumbres que vive una niña del País Vasco cuando llega a Gante: todo es diferente, el salto debió de ser brutal para los niños que vivieron algo parecido, ¿no?
  • El salto entre la España de la época y Europa era bastante grande. El inicio de la novela es un gran trauma: cómo los niños, sin padres, tienen que embarcar, quedan a merced de unos profesores voluntarios, pero había muy poca gente que se estaba ocupando de ellos, y luego son repartidos o bien en colonias o bien en familias. Ese inicio es un gran trauma, incluso para el lector, que ve cómo unos niños van solos, no saben realmente dónde irán ni mucho menos cuándo volverán. Pero lo que ocurre es que en muchos casos las familias de acogida se convirtieron realmente en sus verdaderas familias. Esa paradoja me interesaba muchísimo: cómo, después de un gran trauma, de un gran dolor como es el tener que dejar a tus padres, de repente te encuentras delante de una familia que te quiere como a un hijo. Al principio fue un trauma pero luego ellos, poco a poco, se fueron sintiendo muy bien en aquellas nuevas familias. Además de lo afectivo, tenían acceso a los libros, a la cultura, al teatro, a juguetes (que en aquella época en España nadie tenía juguetes)… Es una forma de vivir totalmente diferente.
  • Y, sobre todo, la gran diferencia es la vivencia de la cultura: en España no había posibilidad de vivirla como en Bélgica, donde la cultura impregnaba la vida cotidiana, era un elemento más de la educación y del ocio.
  • La verdad es que la Europa central siempre ha sido muy cultural, le ha dado mucha importancia a la cultura y en el libro quería plasmar eso también. Robert Mussche, el hijo de la familia que acoge a Karmentxu, es traductor, es escritor, habla cuatro lenguas, es muy lector, le fascina la música de Beethoven… es un poco el prototipo del hombre europeo culto de la época y aquí eso se veía mucho menos. Solo la gente adinerada tenía acceso a la cultura y allí no, piensa que Robert Mussche era hijo de unos trabajadores, de un obrero de una fábrica textil, y aún así era un hombre muy culto. Yo creo que ese salto todavía se da, todavía no creemos realmente que la cultura sea algo necesario, vemos la cultura como algo de segunda fila o que, incluso, molesta en algunos casos. La cultura siempre ha molestado, porque siempre es crítica pero es importante que esa crítica sea aceptada por la sociedad y la política. La contracultura más fuerte se da en Estados Unidos y existen muchos relatos, novelas, cine en contra del sueño americano… pero quienes hacen esa contracultura están muy integrados en la sociedad, la sociedad acepta esa crítica. Nosotros debemos aprender a aceptarla para mejorar.
  • La guerra también era, tristemente, cotidiana en aquella época y usted refleja a la perfección cómo las bombas y la muerte se colaban cada día en las casas y las cocinas de quienes la padecían. Hay toda una reflexión sobre la guerra y las consecuencias en la novela y no hurta al lector la crudeza de la violencia ni del hambre. ¿Por qué le interesaba reflejar un conflicto bélico en todas sus dimensiones?
  • Me interesaba mucho hablar, sin dramatismo pero sí crudamente, de lo que ocurrió en esos días. Por eso las escenas del bombardeo de Bilbao son tan crudas. Bueno, todas las escenas en general de guerra son muy crudas, están recreadas de una forma muy realista. El libro es un alegato contra los totalitarismos y el fascismo y también contra la guerra. Se ve al final que, realmente, ningún bando era bueno. Los ingleses, por ejemplo, sí, sacan a los niños, los salvan… pero luego es su ejército el que bombardea los barcos llenos de presos. Los nazis cometieron muchas atrocidades pero también las cometieron los aliados. La novela es un alegato contra la guerra.
  • “La guerra cambia la percepción de la realidad, no queda ni rastro de los valores que nos inculcan en la infancia”, dice en la novela. La guerra cambia todo lo que toca y deja en su lugar una realidad sucia y embarrada, una realidad en la que es necesario matar para no morir… ¿También se pueden aprender lecciones de la guerra?
  • Esa reflexión es muy bonita, me la hizo Carmen Mussche, la hija de Robert, y es verdad. En la infancia tenemos unos valores o nos inculcan unos valores (la solidaridad, ser buena persona, compartir…) y en la guerra todo eso desaparece, realmente en ella se ve lo peor de cada persona: desaparece el lugar en el que naciste, tu ciudad… y también lo que has sido hasta entonces. Pero en una guerra también se ve el lado bueno de las personas, hay personas que, en un momento dado, se vuelven muy desprendidas, como fue el caso de Robert Mussche, que entrega su propia vida para que se salvasen los demás y su propia familia.
  • Mussche es un héroe. Un héroe quizá anónimo, poco conocido, pero héroe al fin y al cabo. También hay toda una reflexión sobre el compromiso, sobre la lealtad, sobre las injusticias. ¿Qué tiene Mussche para que captase su atención hasta el punto de sacar a la luz una heroicidad que había permanecido oculta?
  • Me interesaba, primero, la figura que acogió a una niña de Bilbao, esa imagen ya me gustaba mucho. Y cuando empecé a documentarme descubrí que este señor era traductor de Lorca, era una persona muy solidaria, fue pacifista en la primera Guerra Mundial, luego se mete en la resistencia contra los nazis… Para mí era una  persona muy muy especial. También tenía sus debilidades, claro, pero esas debilidades también me resultaban interesantes. Y luego también me interesaba el hecho de cómo su hija casi no habla de su padre durante una gran parte de su vida, su padre desaparece, no quiere hablar de él, pero cómo cuando, al cabo de 30 años, ella empieza a reconstruir la biblioteca de su padre y comienza a descubrir quién era realmente y empieza a dialogar con él, yo quiero creer que lo perdona. Ella sabía que era un héroe de la resistencia pero, al final, las dejó solas, a ella y a su madre, y yo creo que ese dolor pesaba más que el hecho de saber que su padre había estado luchando contra el Totalitarismo. Ella decía: “sí, pero yo no he tenido padre”. Hasta que no es adulta y va sacando los libros de Robert y reconstruyendo su biblioteca no asume quién fue y cómo fue su padre. Ese gesto de reconstruir hace que se reconcilie con él y eso me interesaba mucho. En definitiva, me atraía la figura de Robert Mussche, cómo era, y cómo su hija va cerrando heridas por medio de la memoria, me gustaba el papel de la memoria en la reconciliación, en la superación de los conflictos.
  • Mussche y su amigo Herman mantienen un continúo diálogo sobre literatura, sobre filosofía, sobre lo que mueve el mundo y sobre la posibilidad de cambiar ese mundo. “Tiene que haber una manera de hacer mejor este mundo”, le dice a su amigo. Y no solo se lo dice, sino que lo lleva a la práctica.
  • Sí, él lo intenta. Herman no sé si lo intenta tanto… (risas), Herman es más cínico, mide mucho más sus pasos… y por eso sobrevive a segunda Guerra Mundial. Pero Robert no, Robert es un idealista que realmente cree que puede haber un mundo mejor, una manera mejor de relacionarnos y lucha por ello. Al final también es verdad que lo atrapa la gran ola de la segunda Guerra Mundial y que no puede salir de ella pero me gusta porque no es una persona teórica sino que en su día a día trata de ser mejor.
  • La relación entre Robert y Herman le permite reflexionar sobre la amistad y sus etapas. ¿No hay amistad que no pase por algún momento de distanciamiento? ¿No hay amistad que en algún momento sea traicionada?
  • No. Además, yo creo que la amistad se basa también un poco en eso: en la fidelidad, pero también en la traición. Yo creo que no hay ningún amigo que no te haya traicionado nunca. Pero es porque es una manera de relacionarse igual más libre que la de una pareja. Igual por eso también es más duradera. Yo creo que cuando uno tiene un buen amigo, aunque te enfades con él, siempre va a ser un buen amigo, siempre te podrás reconciliar con él.  La amistad entre Robert y Herman me sirvió también para hablar de la amistad en general, hay muchas reflexiones mías sobre qué es la amistad y, a partir de la pérdida de este amigo mío, hablo también un poco de la amistad en general, de qué me parece a mí que es, de cómo fue mi amistad con este amigo mío, etcétera. Pero la de Herman y Robert es una amistad muy particular y yo creo que va a dar mucho juego en la tertulia con los lectores. Yo creo que Robert es mucho más fiel que Herman… pero creo que Herman quiere mucho más a Robert. Es una persona que está totalmente enamorada de Robert.
  • La novela está escrita en primera persona por un narrador que busca documentos para reconstruir la historia de Mussche. Un narrador que nos habla de fotos, de papeles, de entrevistas, de búsquedas en internet… y que parece parapetarse en todos esos documentos para no implicarse directamente en la historia, para no dejarse arrastrar, quizá, por la admiración hacia Mussche. ¿Cuál era su intención al utilizar esta técnica narrativa? ¿Mostrar, como dice en Bilbao-New York-Bilbao, no sólo la novela sino también cómo se hace la novela?
  • Es una técnica que se utiliza mucho en el cine, yo me inspirado mucho en el cine: me interesan mucho esas películas en las que aparece también cómo se hace la película, que son medio documentales, aparece el director, etc. En literatura se hace menos, aunque también hay autores que lo hacen, como Emmanuel Carrère, que este año ha publicado Limónov y ha gustado mucho.  En Limónov aparece Carrère y habla de una persona real, una persona de carne y hueso. Yo creo que cada vez se van a ir haciendo más este tipo de obras en las que aparece la novela pero también cómo se hace la propia novela, todos los cambios que se hacen en el proceso de elaboración, etc. Me parece muy interesante y le da un punto de verosimilitud muy grande, el lector se da cuenta de que esta novela me está contando cosas auténticas y yo creo que el lector busca cada vez más lo auténtico, lo que llegue, lo que emociona.
  • El recurso a la autoficción ya se ha convertido en seña personal de Kirmen Uribe, en marca de estilo. Un estilo, por otra parte, muy reconocible y que comparten tanto Lo que mueve el mundo como Bilbao-New York-Bilbao. Usted lo ha conseguido pero no debe de ser fácil para un autor encontrar su propia voz y que esta resulte reconocible por el lector, ¿no?
  • No, no es fácil. Yo creo que en mis obras sí que se nota la mano del autor, que he encontrado mi voz, mi estilo. Y no, no es fácil. Pero yo creo que lo he conseguido, más o menos.
  • ¿Cómo ha podido concentrar tanta historia, tanta reflexión y tanto sentimiento en una obra tan corta?
  • Lo que quería era escribir una novela corta, muy directa. La primera versión la escribí en dos meses, en San Francisco, y fue como una fiebre creativa. La novela me vino y la escribí rápidamente y me gustaba mucho esa textura de haberla escrito rápidamente, quería dejarla tal cual, con esa rapidez en las frases, con los capítulos cortos… Es también lo que buscaba. Quería una novela corta pero que tuviera la intensidad de la vida de Robert Mussche, que también fue muy intensa. Pero mi próxima novela será más larga, va a tener una respiración más amplia, un ritmo más pausado. Es algo que me apetece. Pero esta segunda quería que fuera rápida. Rápida e intensa.

KIRMEN URIBE MATENDRÁ UN ENCUENTRO CON LECTORES EL PRÓXIMO JUEVES, 20 DE FEBRERO, A LAS 18 HORAS EN LA SALA DE CONFERENCIAS DEL CENTRO CULTURAL DE AZUQUECA DE HENARES

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2 pensamientos en “Entrevista a Kirmen Uribe: “Todavía no creemos realmente que la cultura sea algo necesario”

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