Kirmen Uribe reflexiona en Azuqueca sobre lo que realmente mueve el mundo

Un cercano, generoso a la hora de desvelar los motivos de su obra y encantador Kirmen Uribe fue el encargado de inaugurar, el pasado 20 de febrero, los encuentros con autores del programa cultural LecturArte: el sabor de la literatura y otros placeres. Frente a un nutrido grupo de lectores, el escritor vasco diseccionó a los personajes de Lo que mueve el mundo y habló de su manera de escribir, del proceso de documentación y de cómo conocer a la hija de Robert Mussche, el protagonista de la novela, cambió el rumbo de la obra.

Antes de la charla que tuvo lugar por la tarde, el autor tuvo la oportunidad de intercambiar experiencias de lectura y de vida con cerca de 90 alumnos de los institutos de Azuqueca que acudieron, por la mañana, a su cita con Kirmen Uribe. Tras leer y trabajar Lo que mueve el mundo en clase, los jóvenes departieron con Uribe sobre el contenido del libro, su mensaje, la vida de Robert y, también, sobre la experiencia de escribir o sobre la propia juventud del autor.

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Kirmen Uribe posó con los alumnos y profesores de los institutos azudenses

Ya por la tarde, y antes de la intervención de Uribe, Sandra Yagüe, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Azuqueca, abrió oficialmente la programación de LecturArte agradeciendo el trabajo realizado por los trabajadores de la biblioteca a la hora de diseñar y preparar el programa. De igual modo, Yagüe recordó el éxito de participación que alcanzó el Collage Literario celebrado el año pasado, cuyo testigo recoge LecturArte. Finalmente, la concejala agradeció la presencia de los asistentes y valoró su amor por la literatura y la cultura en general: “La cultura sigue creciendo porque le damos de comer, entre otras cosas, participando en eventos como este”, concluyó.

Por su parte, Eva Ortiz, la directora de la Biblioteca Almudena Grandes de Azuqueca de Henares, agradeció que el Ayuntamiento se haya volcado, de nuevo, en la organización de este programa, junto al Ministerio de Cultura: “Si no, sería imposible llevar a cabo iniciativas de este tipo en los tiempos de crisis que estamos viviendo“, señaló.

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Eva Ortiz, Kirmen Uribe y Sandra Yagüe, en la inauguración de LecturArte

Uribe recogió el testigo hablando a los presentes del reto que supuso para él escribir Lo que mueve el mundo, su segunda novela. “Después de ganar el Premio Nacional de Literatura con Bilbao-New York-Bilbao, la segunda novela era un gran examen. Yo había tenido cierto éxito en el pequeño mundo de la poesía y lograba un premio como este con mi primera novela. Después de la vorágine que supuso, decidí parar. No hice como otros, que hubieran aprovechado el tirón del premio para publicar una segunda obra pronto y así apuntalar su trayectoria literaria. Yo sentía que necesitaba tiempo, así que paré. Paré incluso de escribir. Quería encontrar una historia que me llenase antes de comenzar una nueva novela“, recordaba para los lectores asistentes.

Esa historia llegó, como tantas cosas en la vida, de la mano de la casualidad. Lo primero que surgió fue el título: en plena época de crisis comenzó a reflexionar sobre qué es lo que mueve el mundo. ¿La economía? ¿El dinero? ¿El amor? ¿La amistad? ¿La solidaridad? ¿La lucha por un futuro mejor? Justo en aquellos momentos, conoció a un niño de la guerra en Colombia que le pidió que escribiera sobre los niños vascos exiliados durante la Guerra Civil. “Yo me quedé helado, no sabía mucho del tema y ni siquiera se me ocurría cómo abordarlo, porque, al hablar de niños, se corren dos peligros: caer en el paternalismo o en lo naif”, señaló Uribe quien continuó contando que fue un periodista el que le habló de Carmen Mussche. “Organicé un viaje para hablar con ella y yo solo pensaba en lo raro que se me hacía su nombre. ¿Carmen? ¿Carmen… Mussche? ¿Qué hace una Carmen en Bélgica?”. Al conocerla, descubrió toda su historia: era la hija del escritor y traductor Robert Mussche, cuya familia acogió en los años 30 a una niña vasca llamada Karmentxu. De ahí el nombre. Una buena muestra, también, de hasta qué punto cambió la vida de Robert aquel encuentro, aquella niña acogida; una muestra de hasta qué punto la quiso y se quedó dentro de él. Hasta cierto punto, asegura Uribe, el autor ha cerrado el círculo: “la vida de Robert cambió cuando acogió a una niña vasca y la mía lo hizo cuando una mujer belga llamada Carmen, su hija, acogió a este escritor vasco“.

Paralelamente a todos estos sucesos, falleció un amigo de Uribe. “Era un amigo de toda la vida, nos conocíamos desde pequeños, y murió de repente. Recordé que él me había pedido que escribiera sobre un héroe pero a mí aquello de escribir sobre héroes a los que todo les sale bien… no me interesaba. Pero él me corrigió, me dijo que quería que hablar de héroes cotidianos, de esa gente que está metida en ONGs y que ayuda sin pedir nada a cambio. La idea se quedó dentro de mí y, al hablar con Carmen, me di cuenta de que esa era la novela que quería contar a mi amigo, esa era su voz”.

Y eso es, precisamente, Lo que mueve el mundo: la novela, basada en la vida de Robert Mussche y en el proceso de documentación que Uribe llevó a cabo, que el autor cuenta a su amigo, aunque no es hasta el final de la obra cuando uno lo descubre. “La obra tiene tres partes: la primera es como un puzle sin ordenar. Son retazos sueltos en los que se habla de la Guerra Civil, de Carmen, de Karmentxu, de la Segunda Guerra Mundial… pero uno no sabe muy bien dónde anda. Es un poco lo que le ocurrió a Carmen cuando empezó a rescatar los objetos de su padre: va sacando cosas de una caja pero es como un naufragio, no sabe quiénes son las personas que aparecen en las fotografías, ni las que son citadas en los papeles… En la segunda parte, las piezas van encajando, todo es más cronológico y se entiende mejor. Y, finalmente ,en la tercera parte hablo de cómo se hizo la propia novela, de mis reuniones con Carmen, de cómo ella me iba mostrando documentos, cartas, fotos… de su padre, su biblioteca…”.

Esta manera de contar requiere la participación del lector a la hora de construir el significado de la novela, tal y como remarcó Uribe. “Mi lector es un lector activo. Hay muchos hilos invisibles y uniones entre los diferentes fragmentos de la novela que el lector tiene que ir atando. Eso me gusta mucho. El lector de mis novelas se involucra. Debe reconstruir lo que le ofrezco en el texto e, incluso, rellenar los huecos que quedan vacíos”, señaló.

En este sentido, y aludiendo a las numerosas citas que se incluyen en Lo que mueve el mundo, Uribe también explicó que concibe su obra como una novela pero también como una serie de ventanas abiertas: “yo dejó ahí pensamientos, citas, reflexiones, autores… y luego el lector puede consultar esas referencias, continuar su lectura, descubrir nuevas obras. Una obra te lleva a otra y a otra y a otra…“.

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Hablando de esa labor de reconstrucción que Carmen hizo respecto a su padre, Uribe enfatizó ante los presentes que le interesaba muchísimo ese proceso de conocimiento y de perdón de Carmen hacia Robert. “Sí, se alistó a la resistencia contra los nazis y ayudó a salvar el mundo, sí… pero yo me quedé sin padre. ¿Por qué quiso salvar al mundo en vez de salvarnos a nosotras?“, cuenta Uribe que se cuestionaba Carmen. Por eso, pasó años y años sin acercarse a lo que Robert fue. Es verdad que su madre intentó llenar el hueco que había dejado el padre y quiso en todo momento que Carmen fuera consciente de lo que Robert fue y de lo que hizo pero para Carmen la herida de haber crecido sin padre continuaba abierta. No fue hasta que empezó a reconstruir la biblioteca cuando comenzó a conocer a su padre, a valorar su forma de ser y de entender la vida, con ese idealismo (“era idealista incluso con un punto de exceso de inocencia”, remarcó Uribe en la charla) que tan bien refleja Lo que mueve el mundo. “Al recomponer la biblioteca de su padre, entró en diálogo con él y sus heridas comenzaron a sanar. Tuvo que utilizar la memoria para empezar a olvidar. Y eso me interesaba muchísimo”, explicó el autor.

Gracias a los documentos que Carmen rescató para él, Uribe pudo ir construyendo la faceta más real de la historia y reconstruir lo que pudo ser esa parte de la vida de Robert de la que no quedan testigos. Estas dos dimensiones quedan bien reflejadas en la novela a través de un cambio en el uso de los tiempos verbales: los tiempos pretéritos hablan de datos, de hechos contrastados: del exilio de los niños vascos, de la guerra, sus víctimas, de lo que Robert hizo y queda constancia de ello. Frente a esta dimensión histórica, la parte narrada en presente es una reconstrucción de lo que pudo haber vivido, sentido y pensado Robert, basada en todos los documentos consultados por Uribe. “Quería hacer un contraste entre los datos fríos y la vida. Me imaginé cómo habría vivido, qué habría sentido Robert. Es mi lectura sobre lo que ocurrió o sobre lo que pudo haber ocurrido. Pero Carmen tendrá otra y el hijo de Herman, el amigo de Robert, tendrá otra diferente”, explicó el autor quien añadió que precisamente esta parte, la parte imaginada, es la que más difícil le resultó de escribir pero, en cambio, es la más gratificante para él.

Sobre el proceso de escribir, Uribe comparó el camino que supone elaborar una novela con el trabajo de un detective: “a medida que vas pensando o documentándote, vas hallando pistas y vas tirando del hilo y unas pistas te conducen a otras… y acabas con el material de la novela en tus manos. El proceso de escribir una novela es muy interesante, pero también muy divertido, muy enriquecedor”. Aunque habló en Azuqueca de su etapa como novelista, Uribe también escribe poesía, así que analizó para los presentes las distintas formas de crear un texto narrativo o uno poético: “son muy diferentes. Escribir poesía es una experiencia muy intensa, es como un chispazo. Sin embargo, escribir una novela es algo muy físico, es casi como un trabajo, hay que hacerlo a diario, requiere una constancia. En cualquier caso, me gusta introducir la  poesía en la narrativa, me parece que le da un punto diferente, un punto de calidad. El cine también es muy poético, hace poesía con imágenes, y a mí me interesa mucho el mundo del cine. Además, la poesía le da ritmo. La prosa también tiene que tener música, si no tienes en cuenta esto y haces un párrafo demasiado largo, la historia se cae y acabas aburriendo al lector. Y la poesía está hecha con muchos silencios, tiene muchos saltos, muchas elipsis… y eso me ha ayudado también a organizar la novela. Es muy bonito llevar esa manera de ordenar mediante repeticiones, paralelismos, analogías… que tiene la poesía a la novela. Le da un toque diferente”.

krY se nota en la novela, se nota este toque poético, esa dimensión estética que Kirmen Uribe deja como una huella personal en todo lo que escribe. Quizá sin ese toque, la historia de Karmentxu y la de todos los niños exiliados hubiera sido más dura. Quizá esa doble ruptura que tuvieron que vivir (primero, separarse de sus padres biológicos sin saber dónde irían a parar y, segundo, una vez asentados ya en otra familia que les quiere como a hijos propios, volver a romper esos vínculos para regresar a su tierra) hubiera caído en lo patético, en lo lacrimógeno. Quizá sin ese toque poético, los personajes no hubiera sido tan creíbles, verosimilitud a la que contribuye, también, el hecho de hablar de personas reales, que vivieron y sintieron; que fueron carne y hueso y como tal se sienten en la novela.  Quizá sin ese toque poético no hubiera tenido sentido hablar de la amistad como habla el autor en Lo que mueve el mundo: utilizando la relación de Robert y Herman para reconstruir su propia amistad con el amigo fallecido y para extrapolar sentimientos y experiencias a la amistad en general, a la que cada uno de nosotros pueda haber vivido. Quizá sin esa poesía, no hubiera quedado tan claro que Uribe muestra cómo vivió una víctima de la Segunda Guerra Mundial. Una de las miles y miles y miles de víctimas que hubo. Y todas tenían sus vidas. Como Robert. Pero, desde luego, sin esa poesía, no hubiera sido una novela de Kirmen Uribe. No hubiera sido una obra de Kirmen Uribe. Porque Uribe es poesía y así lo demostró con el broche final de la charla: estos Lunares que dedicó a su mujer en su momento y que regaló a sus lectores de Azuqueca.

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Un pensamiento en “Kirmen Uribe reflexiona en Azuqueca sobre lo que realmente mueve el mundo

  1. Hace unos días, me termine la novela del premio de narrativa española, Kirmen Uribe, en este plantea lo que realmente mueve el mundo, supongo que se inspiró en el grave momento por el que la sociedad está pasando y no me refiero sólo al ámbito económico si no que también al social. Es una crisis socio-económica en la que los medio nos ahogan sometiéndonos a creer que el país está sumergido en la más mísera pobreza, y reflexionado sobre este tema actual, decidió escribir un libro en el que narrase cual era el valor que movía el mundo, una novela dónde lo que era considerado el motor de la humanidad era el amor y no la política, la economía, la sociedad jerarquizada; aunque en mi opinión y reflexionando sobre el tema creo, que lo que mueve el mundo tampoco es el amor por si solo, es una simple rama de lo que consideramos ” el motor “, como lo puede ser el dinero, o la bondad, lo que mueve el mundo somos cada uno de nosotros, aportando día a día cada uno un pequeño esfuerzo por seguir adelante y da igual nuestra raza, religión índole o etnia, creo que el objetivo es común y es un mundo mejor para las próximas generaciones es así como considero que nosotros mismos somos el motor de nuestra propia existencia, ese impulsor que hace mover el mundo y no ninguno de los sentimientos o sus derivados, claro está que con acciones positivas avanzamos más rápido pero es cierto que la humanidad aprende despacio, muy, muy despacio y como testigo tenemos a los libros de historia que volvemos a caer en las mismas cosas pero es por ello que nuestra sociedad necesita artistas, pensadores, grandes personas, líderes y no me refiero a políticos, me refiero a gente de a pie que día a día lucha contra las adversidades para hacer de este un mundo mejor, creo que no debemos despistarnos de nuestro quehacer, y es el de vivir, aprovechar el tiempo cuidando de nuestro entorno y nuestro medio así, algún día, guiados por valores morales y unos mínimos éticos, la humanidad podrá ser feliz sin necesidad de leyes que aveces tanto nos oprimen.

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