Entrevista a Maite Carranza: “En el tema de la ablación no hay que vencer, hay que convencer; y para convencer es necesario conocer”

carranza--644x400          El fruto del baobab es un libro que conmueve y que mueve, que despierta conciencias y que descubre mundos y situaciones alejadas de nuestro día a día. Las lectoras de los clubes de Azuqueca lo han disfrutado mucho, tanto como las de otros grupos con los que Maite Carranza ha tenido la oportunidad de mantener encuentros como el que tendrá lugar el próximo 6 de marzo; encuentros que para la autora son “experiencias muy emocionantes” y de los que destaca el grado de identificación de las lectoras con muchos de los problemas que se plantean en la novela. “Creo que toca fibras de las mujeres… aunque también de los hombres, porque las cuestiones relacionadas con las mujeres también preocupan y ocupan a los hombres, que tienen esposas, madres, hijas… Son temas que nos hacen reflexionar. Es la historia de tres mujeres diferentes en tres momentos de la vida distintos, toca temas muy impactantes pero también muy cotidianos, como la maternidad”, resume la autora antes de responder a nuestras preguntas.

  • Tratándose de una novela como esta, la primera pregunta no podía dejar de indagar en el germen del que fructificó. Usted explica en los agradecimientos del libro que nació de la curiosidad que despertó en usted la llegada de los primeros inmigrantes africanos Maresme. ¿Cómo vivió aquella experiencia? ¿Por qué sintió tanta curiosidad?
  • Aquellos primeros inmigrantes comenzaron a llegar en los años 80 y yo, en aquellos tiempos, estudiaba Antropología en la universidad. Al final acabé renunciando a la Antropología, porque prefería dedicarle todo mi tiempo a la literatura, y me hice profesora de Literatura pero me quedó el poso del gusto por la Etnografía, por otras culturas, otras formas de vida diferentes, aunque estén tan cerca como los gitanos. Los senegambianos fueron los primeros inmigrantes que llegaron a Cataluña y crearon una cierta expectación. Eran tan diferentes… No eran como los guineanos que ya estaban castellanizados, iban a escuelas, etc. En ese tiempo, los senegambianos fueron la primera posibilidad de conocer otras formas de pensar, otros mundos y empecé a seguir el tema: iba leyendo artículos que se publicaban, informaciones… En seguida surgió el tema de la ablación: en cuanto tuvo lugar la primera reagrupación familiar y llegaron mujeres e hijas, el tema salió a la luz y tuvo muchísima repercusión. Se abrió el debate y participaron muchos profesores de Antropología que yo conocía, así que se despertó mi interés, desde el punto de vista académico. La curiosidad literaria surgió más adelante, cuando yo ya me dedicaba a escribir novelas.
  • Desde entonces, el camino ha sido largo y, tal y como también expone en esos agradecimientos, llevó a cabo un complejo y largo proceso de documentación que desembocó en esta novela. ¿Cómo ha vivido ese camino? ¿Qué le ha aportado?
  • Toda experiencia de escritura te aporta cosas porque tú partes de unos presupuestos, de unas premisas y abordas el tema desde la humildad, intentado librarte de prejuicios, y en el camino cambias tu punto de vista. Yo creía, sinceramente, que la ablación provoca un dolor irreparable, es una forma de verlo desde occidente, donde pensamos que esas mujeres no pueden olvidarse nunca de lo que han vivido y resulta que no, resulta que consiguen que ese recuerdo desaparezca y que sean, por ejemplo, mujeres muy sonrientes. Aunque, enfrentadas a este trauma o si se enfrentan a un dilema o al recuerdo, quizá entonces surge un shock traumático por todo lo que vivieron. Pero no es cierta esa idea preconcebida del “son infelices”, no es cierto. Otra idea preconcebida desde Occidente: cómo se puede soportar compartir un hombre. En sus conversaciones y en su forma de verlo, son tan diferentes, son tan humorísticas y tan sorprendentes que aprendes mucho. A veces es como si dijeran: “¡Ay, qué bien! ¡Me libré de ese pesado!”.
  • Es que uno de los grandes temas de la novela es el choque cultural.
  • Claro, yo es que viví situaciones así y me dije: “tengo que cambiar la óptica”. Hay que tomarse la vida con humor y con alegría. Evidentemente, sus valores son diferentes a los nuestros pero ante una situación  nueva, ellos lo toman por el lado positivo.
  • El choque cultural habla de diferentes costumbres, creencias y tradiciones no compartidas y, en el fondo, plantea una cierta superioridad, no sé si moral, de un colectivo sobre otro, en este caso, de la mirada occidental respecto a la africana.
  • Sí, nosotros siempre vamos dando instrucciones.
  • La línea que separa la superioridad de la justicia, la garantía de los derechos humanos de la imposición de razonamientos ajenos es muy delgada… ¿cómo pueden conjugarse factores tan opuestos?
  • Eso es muy difícil. Hay dos posibles enfoques de la novela, yo he intentado conjugar los dos: uno es la vivencia de quienes lo experimentan y otra es las posibles estrategias de las personas que se han comprometido o se involucran en la lucha contra la ablación. Yo podría haberme centrado, exclusivamente, en la mirada de Lola, la pediatra, y retratar todo lo que conlleva luchar contra una práctica tan agresiva, tan improcedente… ignorando quiénes son esas mujeres, presuponiendo que ellas son víctimas, y basta. Pero lo complicado es conjugar las dos realidades. Eso es lo que hacen, y es lo más interesante, las personas que más las conocen: se han dado cuenta de que si las ignoras como personas, si solo son un objeto, entonces no funciona, porque solo funciona la orden, la imposición y la amenaza. Se dice, por ejemplo, que esta agresión contra el cuerpo de las niñas no se puede permitir y creas una legislación punitiva y actúas en consecuencia. Esa es, precisamente, una de las líneas de trabajo que más critican las personas que están cerca de la población inmigrante, una línea de trabajo que las ignora como personas, como personas complejas, con sus emociones, sus vivencias, sus culturas a cuestas, sus hijos, sus fidelidades hacia su familia y su pasado… Las pediatras, enfermeras, trabajadoras sociales, etc. que se han comprometido con esta lucha entienden que no pueden imponerse, que no pueden vencer por la fuerza; tienen que convencer, y para convencer tienen que conocer, con lo cual tienen que quererlas. Y nace la complicidad y el cariño. Es complicado.
  • En la novela también retrata una línea de actuación más radical…
  • Sí. Hay líneas de actuación más drásticas que son las que han llevado a cabo unidades de los Mossos d’Escuadra. Ellos se atribuyen una gran eficacia. Retiran pasaportes, intimidan… Sí, se aseguran de que esa niña no viaje y, por lo tanto, te aseguras de que esa niña esté intacta hasta que cumpla los 18 años pero hay mucha polémica porque para muchos eso es vencer pero no convencer. La complejidad de la que hablas ya la han experimentado las personas que se han involucrado en el tema. Poco a poco se ha ido andando camino y algunos de esos pasos los explico en la novela como, por ejemplo, hablar de todas las consecuencias terribles que puede tener para las mujeres relacionadas con la pérdida del placer no aporta nada para ellas, porque en su forma de pensar no hay sitio para el placer sexual. Lo mejor es conocer su manera de pensar y tratar de influir en ellas exponiéndoles los peligros que puede tener la ablación para sus hijas, porque por encima de todo son culturas que protegen muchísimo a los niños, en contra de lo que podamos creer. Los niños son muy queridos. Todas las mujeres a las que he entrevistado recuerdan la infancia como una etapa especialmente maravillosa. Así que ese es un flanco que han aprovechado las personas que trabajan con ellas desde esta perspectiva, haciéndoles ver que si quieren a sus hijas tienen que protegerlas, y una forma de protegerlas es proteger su cuerpo frente a esa agresión; es una mutilación y es grave. En cambio, hablarles del futuro y del placer de sus hijas… pues es que les deja indiferentes.
  • Recoge en la novela temas y pasajes realmente duros relacionados con las creencias y costumbres africanas, como las jerarquías que someten a las mujeres (o a unas mujeres respecto a otras) y sus consecuencias o como ese momento en el que Aminata tiene que cruzar entre los cocodrilos para exorcizar su supuesta infertilidad… ¿Su intención era mostrar la realidad tal cual es, sin filtros ni circunloquios?
  • Esa escena a la que haces referencia yo no la he vivido, porque no permiten que las occidentales, las mujeres impuras (las no circuncidadas), puedan presenciar un ritual de ese tipo; yo lo he recogido de segundas. Pero sí he visitado el santuario en el que se produce esa escena y me lo podía imaginar perfectamente, porque era muy tétrico. En muchas culturas la mujer se asocia con la fertilidad y su reconocimiento llega solo una vez que ha tenido hijos. Las mujeres que no pueden acceder al matrimonio o a la maternidad son marginadas, sin reconocimiento, excluidas socialmente, incluso son consideradas peligrosas, apestadas, como le ocurre a las mujeres estériles. Los rituales por la fertilidad existen en todas las culturas.
  • Como también está, en todas las culturas, el culto a la virginidad.
  • También, también. Nuestras culturas son patriarcales y en ellas, la mujer tiene un valor de cambio (te hablo como antropóloga). El matrimonio es un contrato y tú tienes que asegurar que lo que entregas, que en este caso es la mujer, tenga todas las garantías y las garantías aquí son que los hijos sean del padre y eso solo se puede garantizar llegando virgen al matrimonio. Y existe una larga lista de rituales que se encargan de corroborarlo, como el ritual de la sábana manchada, que está muy muy generalizado: en las familias reales se hacía hasta hace cien años. No podemos pensar que son marcianos.
  • Y, por supuesto, durísimo es todo lo que tiene que ver con la ablación, con las suturas que se cortan el día del matrimonio para garantizar esa virginidad, con las consecuencias sanitarias de esa práctica…
  • Si te ha impactado esa imagen tienes que leer La flor del desierto, de Waris Dirie. Ella explica toda su experiencia traumática, cuando llegó a occidente. Eso se practica, de una forma bárbara, en toda la zona del Nilo, desde Egipto, bajando por Sudán, Etiopía… todo lo que es el África más oriental. Es tremebundo.
  • Lola es el motor de la acción, es el personaje que actúa como revulsivo para la familia senegambiana pero su vida queda solo perfilada en la novela. Y sin embargo, hay temas muy interesantes que plantea. Por ejemplo, la mentira que se instala en las parejas. ¿La sinceridad total es una quimera o es una práctica sencilla si la pareja mantiene una relación sin problemas? ¿La mentira es una señal de alarma o algo inevitable?
  • Me pones en un compromiso (risas). No, en serio. Cada persona tiene su propia concepción sobre la pareja pero yo creo que en todas las relaciones humanas, hasta en las de amistad o las parentales, existen espacios de intimidad vetados, con lo cual la sinceridad más absoluta es inviable, hasta los psicólogos lo dicen. Hay aspectos del otro que no deseamos conocer. Siempre ha habido corrientes de pensamiento diferentes. Antes, cuando el matrimonio era más un contrato, lo que primaba es que fuera funcional, que se mantuviese inalterable: si el marido mantenía otra vida pero cumplía con lo que tenía que cumplir en su matrimonio, pues no pasaba nada. La idea del amor romántico es fruto de un tiempo. La mayoría de las culturas lo que hacen son cambios adaptativos. Lola se debate entre esa idea más romántica, y se siente un poco traidora, pero también se siente con derecho (y eso lo sienten también muchas mujeres) a ser madres, a pesar de que sus parejas no consideren que es el momento… pero a lo mejor ellas ya no tienen más momentos. Con una mentira o un engaño piensan que siguen adelante con su derecho. También entramos en el tema de los derechos sobre el propio cuerpo, porque también puede haber mujeres que se quedan embarazadas y ni siquiera consultan con sus parejas un aborto, lo hacen y punto, no necesitan el permiso de nadie, es su cuerpo.
  • Ese es un tema muy importante que también queda reflejado en la novela…
  • Sí, sí: el poder de la mujer sobre su cuerpo es algo muy importante. Explico en la novela que es lo primero que descubren las inmigrantes que vienen aquí. Son mujeres que no tienen clara su individualidad, son personas que lo son en tanto en cuanto forman parte de un grupo y dentro de él tienen un papel adjudicado pero no tienen capacidad para decidir sobre sus vidas, sus vidas están prefijadas. Ellas se dejan llevar por la corriente. Pero en cuanto llegan a Occidente, en seguida toman conciencia de que pueden tomar decisiones. Y uno de los primeros momentos en que lo ven es cuando pueden decidir si quieren tener hijos o no, cosa que a lo mejor ellas antes nunca se habían planteado. Esa decisión no la comparten con sus maridos, como cuento en la novela, y eso les da mucho poder, porque les engañan. Para los maridos, cuantos más hijos, más prestigio y más poder, más reconocimiento. Las mujeres allí ni se plantean el tema: tienen los que llegan. Pero cuando vienen aquí y les preguntan si quieren tener o no se quedan sorprendidísimas porque es una capacidad de decidir sobre su propio cuerpo que nunca se habían planteado.
  • Hablando de maternidad, uno de los personajes de la novela, Oriol, cree que la “maternidad es un acto premeditado de crueldad”, una visión muy diferente a la que más extendida actualmente en nuestra sociedad pero que despierta en el lector un punto de reflexión, una pregunta, una cuestión sobre la que pensar.
  • He pintado a Oriol como un personaje al que le gusta escucharse a sí mismo, le gusta que le admiren… es el eterno Peter Pan y a veces suelta frases de patán. Hay también una reflexión ahí sobre lo perverso que puede llegar a ser un exceso de raciocinio. Lola, en el fondo, sufre en su propia carne la racionalidad excesiva de los occidentales, que nos lleva a extremos, a pensar que todo es computable, preciso. Pero lo cierto es que no dejamos de ser animales, no dejamos de ser intuitivos, no dejamos de estar dominados por las hormonas…
  • Binta abre la novela al mundo de la adolescencia: a los problemas derivados de la edad, Binta suma la diferencia cultural de la que hemos hablado y las dudas ante un identidad escindida: ¿de dónde es uno? ¿De dónde nace o de dónde se hace? Esta es otra de las cuestiones fundamentales de la novela y usted aborda con acierto este problema con un personaje, además, creíble y muy entrañable que, por si todo eso fuera poco, presenta un modelo de mujer valiente y digno de ser imitado.
  • Yo provengo del mundo de la literatura juvenil y me chiflan los personajes adolescentes. Como escritor siempre buscas los conflictos, el conflicto es lo que mueve el mundo, y los adolescentes los tienen todos y multiplicados por mil. En este caso, Binta es una adolescente con los conflictos propios de cualquier adolescente de su edad pero con el agravante, muy grave en este caso, de ser negra, venir de otra cultura y, encima, estar mutilada. Su percepción de ella misma y el descubrimiento de todo eso y lo que implica es exponencial respecto a otro adolescente. Binta, que es rebelde, que es inteligente, que es una chica con iniciativa, probablemente será una rareza en el mundo de los inmigrantes. Pero los que destacan son así. Yo tengo amigos que se han visto reflejados en Binta: gente que no era de aquí, que venía o vivía en la pobreza, con madres analfabetas… y que lo único que tenían para destacar era su propia inteligencia, con lo cual se aferraban a esa posibilidad de ascender socialmente mediante su competencia intelectual. Eso es lo que en el fondo Binta tiene como valor. Para no hacer  ciencia ficción ya dejo claro que esa percepción de Binta no la comparten sus hermanos.

MAITE CARRANZA MATENDRÁ UN ENCUENTRO CON LECTORES EL PRÓXIMO 6 DE MARZO, A LAS 18 HORAS EN LA SALA DE CONFERENCIAS DEL CENTRO CULTURAL DE AZUQUECA DE HENARES

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