Maite Carranza: “Hay que saber de dónde venimos para valorar lo que tenemos pero también para darnos cuenta de que se puede perder en cualquier momento”

krEnmarcado en los actos de celebración del Día Internacional de la Mujer, Maite Carranza participó el pasado jueves, 6 de marzo, en un encuentro con lectores en el que el choque cultural y la reivindicación de los derechos de la mujer fueron protagonistas.

Ya en la presentación, la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Azuqueca, Sandra Yagüe, vinculó dos de los temas que aparecen en la novela de Maite Carranza, El fruto del baobab, con sendos debates abiertos en la actualidad española. En primer lugar, la concejala expuso cómo la supresión de la justicia universal (contra la que se presentó una moción en contra en el último Pleno municipal) va a impedir que se persigan delitos de ablación cometidos fuera de España por residentes en nuestro país. Como expone la novela de Carranza, muchos padres, ante la ilegalización de la mutilación genital femenina en España, buscaban la manera de llevarse a las niñas hasta su país de origen con la intención de que allí se les practicara la ablación. Hasta ahora, los miembros de los Cuerpos de Seguridad y trabajadores de servicios sociales podían advertir a quienes pretendieran hacer algo así que, aunque el delito se cometiera fuera de España, está penado en su país de residencia, pudiendo este apelar al concepto de justicia universal para castigar esta práctica. Sin embargo, ahora ya no podrá ser así, ahora quedará impune, tal y como destacaba Yagüe, con el problema que eso supone para quienes trabajan con el colectivo africano en nuestro país, añadió Carranza. “Es una cuestión muy actual y todavía no sé cómo tratarán de ponerle remedio, pero seguro que algo harán, porque esto puede abrir la puerta a muchas mutilaciones que hasta ahora se han evitado”, explicaba la escritora.

De igual modo, Yagüe hizo alusión al derecho de las mujeres sobre su propio cuerpo al que Carranza se refería en la entrevista publicada en esta web para oponerse a la reforma de la Ley del Aborto. “Son temas de lamentable actualidad. Hemos pasado de tener a España a la cabeza de los derechos de igualdad a estar en la cola”, lamentó la concejala azudense.kr

Temas actuales y comprometidos como los que le gustan a Maite Carranza, quien explicó en el encuentro en Azuqueca que el germen de El fruto del baobab estuvo en un guion cinematográfico: “Yo había hecho ya cinco películas para televisión, todas sobre temas sociales, comprometidos, pero me di cuenta de que en el producto final intervienen muchas personas que van transformando lo que tú quieres decir. Por eso dejé aparcado este proyecto y no me decidí a convertirlo en guion de momento. Yo siempre había escrito para niños y jóvenes pero al darme cuenta de que lo que yo quería contar a los adultos llegaba bastante cambiado a través de las películas, decidí escribir mi primera novela para adultos, Palabras envenenadas. Tras la experiencia, pensé que podía repetir con el baobab, que era un tema que me gustaría difundir y que el mensaje llegara tal y como yo quería que llegara. Y así fue cómo surgió El fruto del baobab“.

Aunque el título no llegó tan rápidamente como la idea: “Le cambié de título cuatro o cinco veces. Mi primer título fue Ángeles mutilados, pero en la editorial me dijeron que sonaba muy violento. También pensé en cuchillos… pero pasaba lo mismo. Al final llegué al baobab, que me parecía un árbol muy simbólico, porque es uno de los más importantes de África, es sagrado y tiene unas raíces muy profundas que servían también como metáfora de la profundidad y el arraigo de algunas de las tradiciones de las que yo hablaba en la novela. En un primer momento, pensé en La sombra del baobab, pero resulta que ya había un libro que se titulaba así. Así que se quedó como El fruto del baobab“, explicaba Carranza.

En esta novela, la autora cuenta las historias de vida de tres mujeres bien diferentes: Aminata, su hija Binta y Lola, una pediatra que descubre la ablación de la joven Binta y lucha para que no le ocurra lo mismo a su hermana Fatou. El choque cultural entre los dos personajes africanos y la española y el que las dos inmigrantes experimentan al llegar a España centra buena parte del argumento, como también ocupó buena parte del tiempo de la charla. En este sentido, Carranza explicó que su carrera de Antropología ha hecho que tenga “una mirada diferente de la realidad, sin prejuicios, considerando a los demás tan interesantes como nosotros mismos; una mirada también curiosa. Me permitió ver que otra cultura, quizá no tan evolucionada o civilizada (supuestamente) como la nuestra es tan interesante como ella. Y también me sirvió para ubicar y contar historias. Hay que mirar sin armadura, a veces vemos las cosas pero no nos dejamos impresionar, ni calar por ellas. La diferencia siempre causa cierto temor. Y eso, precisamente es lo que ayuda a evitar la Antropología y una actitud abierta, libre de prejuicios y curiosa hacia los demás”.

Más allá de los prejuicios, Carranza también reflexionó sobre el desconocimiento que muchas veces tenemos hacia lo ajeno, hacia eso que no es “nosotros y lo nuestro”. Ese desconocimiento fue lo que dio lugar a un gran sentimiento de curiosidad tras la llegada de los primeros inmigrantes africanos al Maresme. Había desconocimiento respecto a su forma de ser, a sus costumbres y tradiciones, pero también respecto a su propio cuerpo: “Cuando empezaron a llegar mujeres a las consultas médicas y se empezó a ver que no tenían clítoris, hubo ginecólogas que pensaban que las mujeres senegambianas nacían sin él”, explicaba la escritora, quien continuaba su relato con el siguiente paso natural del proceso: una vez comprobada la ablación, llegaba el momento de la duda. “¿Intervenir o no? Eso es lo que se planteaban quienes les trataban de cerca. Porque es verdad que es su cultura pero hay que plantearse hasta qué punto el hecho de mantenerla de forma férrea, una vez que uno ha salido de su contexto cultural, es respetarla y no una forma de perjudicar a sus hijos”, señalaba.fruto baobab 002

Se optó por la intervención pero se comenzó a ver que las acciones que se iban llevando a cabo a través de diferentes vías (acciones políticas, educacionales, policiales, etc.)  a veces chocaban. “Toca muchos factores sensibles y es fácil que no haya acuerdo. Lo primero que me encontré cuando empecé a investigar en profundidad el tema fue un recelo muy grande entre la comunidad de mujeres senegambianas. También me turbaron los ataques ente los colectivos que supuestamente defendían las mismas ideas y perseguían los mismos propósitos. Es un asunto en el que se mezcla tradición, mujer, sensibilidad, cultura… Yo, en mi libro, he intentando que todos esos caminos a través de los que se trata de intervenir queden reflejados, incluso con sus conflictos, así como abordar el asunto desde el mayor número de puntos de vista posible: el de la pediatra española, la madre africana, la adolescente que está entre las dos culturas, las fuerzas de seguridad, el doctor africano que actúa de forma diferente con las mujeres africanas que con las españolas… He tratado de dar voces a la disidencia, no mostrar solo una postura, porque la realidad no es simple, es poliédrica. La realidad no es esquemática. Por eso quise dar voz a todas las disidencias, a todos los puntos de vista. Incluir todas las voces  le da verosimilitud y aristas, complejidad a la novela”, explicaba Carranza

Y todo ello sin perder de vista a las personas, a los personajes, que hacen carne las ideas en la novela. “Lo que quería era contar historias de personajes. A veces podemos suponer lo que pueden sentir o vivir pero en este caso yo no podía, no era una realidad que yo conociera, era muy osado. Tanto como intentar pensar como lo hacen ellos”, cuenta la escritora. Por eso, inició una serie de entrevistas con diferentes mujeres africanas, así como varios viajes a los lugares en los que se practica la ablación para conocer de primera mano la realidad que quería reflejar. “Lo que yo he querido contar son historias de vida, se llama así también en Antropología. Los personajes de Aminata, Binta o Rama están sacados de muchos testimonios. Quería meterme en el corazoncito de tres mujeres que se enfrentan a un mundo posible, en un tiempo corto, sin grandes peripecias. Yo quería hablar de pequeños episodios de la vida cotidiana, en ocasiones incluso extrapolables, como esa sensación que tenemos cuando nuestros hijos creciendo y nos parece que su vida se nos escapa. Es lo que le ocurre a Aminata respecto a Binta, pero nos puede pasar a cualquiera”. Aunque, en este sentido, matizó que “Binta en su país no hubiera sido adolescente, la adolescencia solo tiene lugar en las sociedades occidentales en las que hay un espacio entre la niñez y de la madurez en el que surgen las dudas sobre la propia identidad. En otras sociedades, y aquí hasta hace no mucho, una no se planteaba lo que quería ser; se era y punto”.

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Durante la charla, también se habló mucho de la situación de las mujeres en el mundo. “El lugar que ha ocupado la mujer ha sido secundario siempre y en todo lugar, hemos estado sometidas al poder del hombre en sociedades patriarcales. Hay que saber de dónde venimos para valorar lo que tenemos pero también para darnos cuenta de que se puede perder en cualquier momento”, advirtió Carranza en este sentido.

Ahondado en el asunto de las sociedades patriarcales, una de las lectoras asistentes al encuentro hizo notar cómo, en realidad, en la novela, quien toma la decisión de mutilar a Fatou es la abuela, no el padre, lo que llevaría a pensar que las mujeres sí tienen un cierto poder. A este respecto, la escritora advirtió que se trata “de una falsa concepción sobre quién tienen el poder: parece que es la mujer, porque ella decide si se mutila a una niña. Incluso los hombres se desentienden de la situación: “son cosas de mujeres”, dicen. Pero si una mujer decide no mutilar a su hija, el que la rechazará será un hombre. Pesa el problema de la inadaptación posible,  de la voz de la sociedad… Formamos parte de una cultura que nos marca qué valores se respetan y qué es lo adecuado para seguir sobreviviendo. Y eso ocurre aquí y allí”.

¿Y qué ocurre cuando “aquí” y “allí” se juntan? ¿Qué ocurre cuando las dos culturas se encuentran, gracias a la inmigración? Sobre ello habla ampliamente Maite Carranza en El fruto del baobab y también en el encuentro de Azuqueca. Por ejemplo, explicó cómo se produce un empoderamiento rápido por parte de las mujeres: “cuando llegan aquí enseguida cambian. Vienen como un apéndice del marido pero quienes pasan tiempo con ellas hablan del cambio rápido que se opera en ellas cuando aquí se les empieza a hacer preguntas, comienzan a poder decidir sobre sí mismas y su cuerpo. Se ve muy claro, por ejemplo, cuando se les pregunta si quieren tener o no tener más hijos. Allí ellas ni se lo planteaban, pero aquí… Muchas de ellas optan por el uso del DIU, incluso sin consultar a su marido. Controlar su cuerpo y su maternidad les hace empoderarse y empiezan a cuestionarse sobre otros derechos”.

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En este sentido, Carranza recordó, al hilo de una pregunta sobre la importancia que da a la maternidad en su novela, que “la maternidad es el tema ancestral que define a las mujeres, era su principal función. La que no cumple esa función, es repudiada. Por eso es muy importante para ellas ser puras, estar mutiladas, para poder casarse y así acceder a lo que le da estatus, su razón de ser: la maternidad. Un mujer estéril siempre ha sido castigada, en sociedades africanas y en occidentales. Y fijaos que todo lo que concierne al universo femenino ha sido muy peyorativo, tradicionalmente, como ocurre con la menstruación, por ejemplo: hay tribus en las que las mujeres que están menstruando se tienen que ir del poblado durante esos días”.

Si algo queda claro en la novela es que, por muy diferentes que nos creamos, somos muy parecidos en muchas cosas. Por ejemplo, respecto al castigo a la rebeldía, algo que se produce en todas las sociedades. En el caso de la retratada por Carranza en su novela, el personaje rebelde sería Rama, la madre de Aminata. “Por muy planificada que esté, toda cultura tiene sus resquicios. Es lo que ocurre en la novela con Rama: ¿qué pasa en una sociedad de matrimonios pactados cuando una mujer se enamora de su marido y es celosa y lo quiere para ella sola? Pues ocurre que se castiga a esa mujer, se la margina. En definitiva, se castiga la rebeldía, como aquí”, explicaba la autora.kr

Finalmente, Maite Carranza se refirió a uno de los puntos más conflictivos de su novela: el final. Preguntada sobre por qué dejó la novela ahí y no continuó un poco más la historia, la escritora explicó que “si tiene el último capítulo es porque alguien me lo pidió, una de mis lectoras de confianza, a quienes les doy la novela antes de publicarla, me dijo que no podía dejarlo ahí, que tenía que continuar un poco más y por eso escribí el capítulo final. Pero seguir por ahí hubiera supuesto dar mayor protagonismo al marido de Aminata y yo quería dejar de lado ese enfoque, quería centrarme en las mujeres. Aunque la figura del hombre sí aparece en la novela, claro, pero ofrece una perspectiva totalmente diferente. Es verdad que los hombres también están entre dos mundos y que también tienen un papel difícil, pero eso daría para otra novela”. Esta anécdota sirvió para demostrar lo que la escritora comentaba al principio del encuentro: “ver las caras a  los lectores es muy reconfortante y ayuda mucho a los escritores”. También, incluso, a la hora de perfilar sus novelas.kr

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