Entrevista a Adela Cortina: “Creo que otro mundo es necesario, porque el que tenemos no está a la altura de lo que merecen los seres humanos”

Adela-Cortina

Hay libros que dicen obviedades que hemos olvidado y por eso son tan importantes: porque nos resitúan, nos hacen pensar y comparar lo que teníamos o lo que podríamos haber alcanzado y lo que tenemos en su lugar. Hoy más que nunca, libros como este son los que hace falta leer y, sobre todo, llevar a la práctica.

  • Porque la contaminación mental es peor todavía que la polución atmosférica. Se extiende como el aceite el mensaje de que triunfan en la vida los competidores, los egoístas, los tramposos, los que tienen muchos conocidos y pocos amigos de verdad, los que saben instrumentalizar a los demás y los que se acomodan a lo que dice la mayoría, como los camaleones. Y a fuerza de oírlo un día y otro, acabamos creyéndolo. Cuando la postura ética es justo la contraria: consiste en asumir posiciones propias y hacerse responsable de ellas.
  • La ética parece hacerse más necesaria hoy que nunca sobre todo por lo que usted plantea: ser ético o vivir en una sociedad que convive a diario con la ética no solo ahorra sufrimiento sino que es que, además, es económicamente rentable. ¿Cuándo nos daremos cuenta de ello?
  • Cuando empecemos a ser inteligentes, porque por ahora no sabemos ni siquiera hacer el cálculo coste-beneficio, que es el mínimo de racionalidad económica que se nos podría pedir. Si calculamos la cantidad de dinero, de confianza y de felicidad que se han escapado por el agujero de la mala gestión, la corrupción o el engaño, nos daremos cuenta de la cantidad de oportunidades que hemos perdido de invertir bien.
  • Como usted dice en el ensayo, algo ha tenido que ver la falta de ética con la crisis actual, ¿verdad?
  • Claro que sí. No todo, por supuesto, pero la falta de honradez, de profesionalidad, la escasez de comportamientos ejemplares, las huídas hacia delante cuando se han hecho mal las cosas en vez de reparar el daño causado, la mala costumbre de no responsabilizarse de las consecuencias de las propias decisiones han estado también en la raíz de las crisis.
  • Usted reflexiona (e invita a reflexionar) sobre lo que supone vivir en sociedad. Parte de la idea de que no es verdad que el ser humano sea egoísta y tienda al individualismo sino que, por el contrario, está biológicamente diseñado para convivir, para cuidar de sí mismo y de los otros, para cooperar. Sin embargo, como ha dicho antes, nos inculcan la idea del egoísmo cuando lo que se siente por dentro es precisamente lo contrario. ¿Quién sale beneficiado con esta cultura del egoísmo?
  • En principio, parece que salgan beneficiados los mejor situados, los que tienen ya un puesto de privilegio social, político o económico, y que salen perdiendo lo más débiles. Pero también es verdad que a la larga salen perdiendo todos: es mucho más habitable un mundo que funciona con el aceite de la cooperación que con el vinagre del conflicto.
  • ¿Nuestra sociedad es cada vez más egoísta? O, bueno… ¿somos, quienes la conformamos, cada vez más egoístas?
  • No lo creo. Nunca ha habido una sociedad de gentes solidarias y altruistas a la que hubiera que regresar, como una especie de paraíso perdido. Lo que sí ocurre es que somos cada vez más autistas, gracias a la cultura de los chats, los blogs, los móviles, que no son auténtica comunicación personal. Acabamos aislándonos y eso es mala cosa.
  • Vivir en sociedad implica proveerse de un puñado de normas que regulen esa convivencia y de una serie de instituciones que velen por los intereses comunes. En este ensayo usted reflexiona sobre los diferentes tipos de democracia y apuesta por una democracia comunicativa (frente a la emotiva, que manipularía a los ciudadanos a través del sentimiento, o de la democracia agregativa, basada en los acuerdos por mayoría) que, como dice usted, sirva para forjar “una voluntad común en cuestiones de justicia básica, a través del diálogo sereno y la amistad cívica”. Pero, para llegar a este estado (absolutamente deseable, por supuesto), aún nos queda un largo camino. ¿Por dónde empezamos?
  • Por todas partes, y de esto hablaremos bien pronto. Pero aquí quiero nombrar tres flancos al menos: los partidos políticos, que deberían ponerse al servicio de la ciudadanía y no hacer cualquier cosa con tal de conseguir votos; los representantes, que deberían buscar el bien común, y los ciudadanos, que no deberían permitir la “partidización” de la vida compartida.
  • Efectivamente, porque usted habla de ética colectiva pero también propone una reflexión sobre la ética individual. No vale solo con tener buenos dirigentes, todos debemos actuar éticamente en nuestro pequeño entorno. En este sentido, el capítulo que dedica a la necesidad de ser buenos profesionales es muy ilustrativo. ¿Cómo podemos ser éticos en nuestro día a día?
  • Formándonos y dándonos cuenta de que en la vida es preciso proponerse buenas metas, intentar descubrir cuáles son los medios más adecuados para alcanzarlas y ponerlos por obra. Y nunca confundir las buenas metas, plenas de sentido, con los medios.
  • Uno de los puntos más atractivos de este ensayo es que usted habla de situaciones o sociedades o individuos ideales, maravillosos, envidiables… pero no pierde la perspectiva de lo real e ilustra muchas de las reflexiones con ejemplos extraídos de la vida misma, de la actualidad, de lo que vemos y escuchamos cada día. ¿Aún podemos cambiar este mundo y encaminarlo hacia el que usted describe?
  • Los protagonistas del Foro Social de Porto Alegre dicen que otro mundo es posible. Yo creo más bien que otro mundo es necesario, porque el que tenemos no está a la altura de lo que merecen los seres humanos. Y lo que es necesario es posible y tiene que hacerse real.
  • ¿El germen de cualquier cambio está en la educación?
  • Sin duda. Como decía Kant, “la persona lo es por la educación; es lo que la educación le hace ser”. Y añadía también que debemos educar a los jóvenes para una sociedad mejor, para una sociedad cosmopolita, en la que todos seamos ciudadanos del mundo.
  • Pero el diseño de la educación que se está haciendo no parece que vaya por ese camino… ¿cómo convencemos a los políticos de que no llevan buena dirección?
  • Hablando de ello en los medios, escribiendo, celebrando encuentros, y sobre todo proponiendo alternativas mejores y viables.
  • Y hablando de educación: este ensayo tendría que ser leído en todas las escuelas y en todos los hogares del mundo, porque es sencillo pero muy profundo y, al mismo tiempo, muy sugerente y muy práctico. ¿Era su intención hacer un auténtico “manual de vida” como el que ha escrito?
  • Pues en principio no era mi intención. Sólo quería responder a esa pregunta “¿para qué sirve realmente la ética a las personas corrientes y molientes?”, presentando algunas sugerencias claras y concretas. Pero la verdad es que sí ha resultado ser un cierto “manual de vida”, si por “manual” entendemos un conjunto de orientaciones sencillas para vivir mejor.

ADELA CORTINA MANTENDRÁ UN ENCUENTRO CON LECTORES EL MARTES 18 DE MARZO A LAS 18 HORAS EN LA SALA DE CONFERENCIAS DE LA CASA DE LA CULTURA DE AZUQUECA DE HENARES

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