Encuentro con José Antonio Portillo: “Como maestro, me preocupaba cómo narrar el conocimiento”

DSC_0015  José Antonio Portillo no se considera escritor, pero publica libros. José Antonio Portillo no se considera poeta, pero sus trabajos tienen mucho de poesía. Y algo de magia, aunque tampoco sea mago. José Antonio Portillo se define como “maestro de escuela”. Y de ese espíritu impregna todo lo que toca.

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José Antonio Portillo, con su libro encontrado en la playa en las manos

“Al empezar a dar clases me di cuenta de que en la universidad no me habían enseñado cómo crear silencio y sin silencio yo no podía generar conocimiento. Mi segundo problema era que tampoco me habían enseñado cómo transmitir el conocimiento, cómo narrar el conocimiento. Así que empecé a probar cosas y descubrí una serie de objetos que con solo colgarlos encima de la mesa generaban silencio e interés”. Así comenzaba la intervención de José Antonio Portillo en Azuqueca. Y a los jóvenes que acudieron a sus dos encuentros mostró algunos de esos objetos, como un libro que habría encontrado en una playa con extrañas bolas de papel y una carta en la que se explicaba su contenido. Y tenía razón: en cuanto cogió el libro entre sus manos se hizo el silencio. Pero también comenzaron las preguntas, y esa es una de las mejores maneras de generar conocimiento: mostrar interés, querer aprender.

Aquel experimento se convirtió en un libro (en realidad, algo más que un libro) que ganó el primer Premio Nacional de Edición en el año 2003. Y es que Portillo parece tener el don de convertir sus ideas en diferentes productos, porque algo parecido le ocurrió también con el proyecto del que vino a hablar en Azuqueca, ¿Qué piensa mi sombra?

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Portillo fue comentando algunas de las historias contadas en el audiovisual

Se trata de un audiovisual, que parte de otro de los experimentos de Portillo, en el que una serie de jóvenes hablan de su camino orgánico, ese que recorren cada día para ir de un punto a otro de su ciudad, como del instituto a casa o de casa al campo de entrenamiento. Portillo contó a los jóvenes presentes en el salón de actos de la Casa de Cultura cómo se gestó el proyecto y cómo se llevó a cabo: cómo eligió a los participantes, cómo trabajaron, cómo grabaron… y, sobre todo, en qué consistía ese camino orgánico de cada uno de ellos. Acompañó su exposición con fragmentos del trabajo audiovisual, trabajo que llamó la atención de los presentes, tanto por su calidad y su belleza visual, como por los planteamientos que puso ante sus ojos: desde el más cotidiano (el del joven que camina con un balón de fútbol siempre entre sus pies) hasta los más profundos (como el de la chica cuyo camino orgánico pasa por el banco que le recuerda a su madre, ya fallecida). La sombra de cada uno de esos jóvenes se convertía, así, en vehículo de sus reflexiones y sentimientos hasta configurar historias sencillas, cotidianas, pero llenas de profundidad, de humidad, de vida.

 

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